Jardinero que regó con sus lágrimas amargas,
las semillas de una campanilla blanca.
Brotó de la tierra una enredadera seca,
llena de espinas, con hojas muertas...
Entonces quiso arrancarla de raíz,
y olvidar que una vez estuvo ahí.
Quedó algo de ella entre la fértil tierra,
la lluvia no quiso que su vida se perdiera,
y un tallo verde surgió una mañana.
Campanilla blanca a los pies de una casa,
que una niña encontró y quedó hechizada,
Campanillas blancas que se aferran,
a las piedras de una casa vieja.
Se cierran cuando la niña enferma,
se abren cuando la niña juega,
mientras el jardinero las observa,
desconocedor de amor y promesas.
Ladrón que roba a escondidas
descubierto por unos ojos tímidos,
quiso evitar que hablara la niña
y provocó forcejeos y gritos,
dentro de esa casa perdida,
Enemigo de la luz del día, que huye,
zorro que sabe moverse y se escabulle,
cazador cazado que la culpa elude.
No sabe que tras la puerta de madera,
le están esperando enredaderas secas...
Al amanecer la niña, dolorida, se despierta,
y al salir de su casa contempla, boqueabierta,
que ya no hay campanillas blancas,
sólo quedan zarzas secas, sangrientas.
Campanillas blancas, muertas,
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