Aprendiz que sin saber de telas,
ni de modas pasadas o venideras,
diseñó un vestido hecho de seda,
de flores bordadas con delicadeza.
Quedó el vestido en el maniquí inerte,
inacabado, con pespuntes y alfileres.
Aprendiz que se despidió de su maestro,
ignorando si poseía destreza o talento.
A veces vuela su pensamiento
y ve a alguien llevándolo puesto.
Otras veces silencia su corazón
y lo ve olvidado tal cual lo dejó.
En los cristales de las ventanas,
echa su aliento, y en el vaho,
dibuja el vestido olvidado.
No ha perdido la esperanza.
Si su mundo se resquebraja y se quiebra,
¿dónde está ese mentor de leyenda?
Quizás se extravió, lo engulleron las fieras…
o le queda aún una
larga, larga espera.
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