Señora anciana, de semblante serio,
en su rostro se ven los surcos del tiempo
y disimula con sus labios contraidos
cuántos de sus dientes han caído.
Sus ojos oscuros son diminutos
como su inadvertida figura.
Evitó ver grandes los males
y que la muerte le diera sepultura.
Señora anciana, maestra de la vida,
conoce el valor de lo que otros tiran.
En un mundo gris, viste multicolor,
como la niña que habita en su interior.
Al andar, da pasos de gigante,
parece que se estirase su cuerpo,
como su voluntad, la más grande,
y aún así camina en silencio.
Señora anciana, de época distinta
resignada con sus múltiples achaques,
eterna protectora de toda su familia,
superviviente que solo sabe ir adelante.