lunes, 29 de mayo de 2017

La bailarina de cristal

Un artesano de Murano
talló con sus viejas manos
una bailarina de cristal.
Para evitarle cualquier daño
la envolvió en papel de diario
y la guardó en un armario.

A pesar de su belleza
no llegó a ser expuesta.
Consumida por la tristeza
su cristal se volvió opaco
y sus formas toscas
como las de una roca.

Ni su propio creador,
comprendía lo ocurrido
y la malvendió a un amigo
de profesión anticuario,
amante de los secretos
ocultos en los objetos.

En su tienda de barrio,
entre otras obras de arte,
le cedió un espacio
para que se mostrase.
Recuperó su fina figura,
su esplendor y hermosura.

Pero había algo que le faltaba,
los rayos del sol de la ventana.
El anticuario observó su mirada,
perdida en el horizonte azul...
La dejó en el alféizar
y en ella se reflejó la luz.

El viento traicionero
empujó a la bailarina
y se rompió contra el suelo.
El anticuario halló consuelo
al pensar que su sueño
era brillar como un lucero.

Recogió sus trozos
e hizo con mucha maña,
un colgante para la ventana.
Todos los días le acompañan
sus reflejos arco iris
y la recuerda con nostalgia.