Alicia vio sus anhelos,
perdidos, alcanzados
en su imagen de hielo,
en un espejo gris...
Y dijo para sí:
Me miro en el espejo,
y no me encuentro a mí,
si no a otra de aire fiero,
quien quise ser y no fui…
Ah, pero en este lado,
yo también he luchado.
Mi enemiga era yo, ingenua,
y otros bienintencionados.
Escucha, reflejo valiente,
que te lanzaste con tu barca
por cascadas y torrentes,
porque sabías que flotabas.
Yo elegí un cauce de aguas mansas,
su impulso me llevó por campos yermos,
y, soñando despierta, solté los remos,
Ignorando lo que quería mi alma.
Viviste momentos tranquilos
¿quién te ayudó? No lo sé…
Con tu buen ojo, y buen tino
lograste lo que no logré.
Y yo, en la tormenta, me cobijé
en una cueva tan profunda
que la luz del sol dejé de ver…
En otros ojos la contemplé.
¿A qué renunciaste?
Algún precio pagaste,
como yo también pagué.
El mundo es como es…
Y así como el mundo gira,
también lo hace la vida.
Entre luces y sombras,
He pasado mis días.
Lo sé, somos iguales.
Ni lobo, ni cordero,
un corazón lleno
con una brecha en medio.
No llores, reflejo mío…
Aunque estés al otro lado,
¿no lo ves?
Al final, el destino, es el mismo.