Estos muros, hoy desnudos,
pintados con los colores
de un espíritu joven,
contienen mil ilusiones.
De los techos cuelgan lámparas,
simples, de linea moderna
que iluminan las palabras
con alma de poema.
En la cocina se escuchan ruidos
inspirados en ritmos latinos
acompasados con los pitidos
del microondas y de la vitro.
Fuera las tórtolas se posan
sobre la baranda del balcón,
que tiene sillas cómodas
y varios tiestos en flor.
Y desde la acera alguien mira
con nostalgia el interior,
recuerdan días de dicha
y noches de intenso dolor.
Conocen cada oscuro rincón
y cada lugar confortable,
es una casa con corazón
que tras la muerte, renace.
Envejeció, como su madre,
enfermaron sus paredes
y se detuvo el reloj
que decoraba el salón.
Lámparas con tulipas
con una luz muy tenue,
como el brillo de una vida
que se desvanece.
Un puchero en el fuego
que va cociendo muy lento,
los cacharros a remojo
y una masa en reposo.
En el balcón, un nido vacío,
un jarrón con rosas secas
sobre un mantel zurcido
de una mesa que cojea.
Fueron siete años de duelo,
de recuerdos empolvados.
Las paredes enmohecieron
bajo el papel pintado.
Cuando se abrieron las puertas
la luz recorrió cada lado
y unas manos afables,
arrancaron el papel dañado.
Estos muros, hoy desnudos,
pintados con los colores,
de un espíritu joven,
contienen mil ilusiones.