Tres tejedoras tejían
tres tapices delicados
más solo una lo hacía
con paciencia y cuidado.
Las otras dos, muy ufanas
habían errado en sus trazos
y en vez de corregir sus faltas
a la otra corregían sus fallos.
Solía escucharlas atenta
hasta que cayó en la cuenta
que pocos consejos eran
los que en verdad le sirvieran
Y es que usaba otro telar
y otros hilos diferentes,
las otras dos eran diestras
y ella zurda hasta su muerte.
El tiempo arrugas le dio
y lecciones que transmitió,
que en tapices distintos
no siempre vale lo mismo.