Fuerte como una roca,
orgullosa y entregada,
con una sonrisa en la boca,
vencedora en las batallas.
Terremotos de tiempo robado,
tormentas de responsabilidad,
maremotos de anhelos frustrados,
huracanes de miedo sobrenatural.
Según se va quebrando la roca,
disfraza las grietas con disposición,
con una sonrisa que casi ni asoma.
De ir a combate ya se olvidó.
Su interior se está haciendo añicos,
no oye el ruido de su destrucción,
en sus ojos hay un abismo,
donde se pierde todo fulgor.
Dicen que sus ojos brillaban
antes de que llegase el mal tiempo,
en una época en que moldeaba,
la forma que contenían sus sueños.
Cuando no sea más que un puñado de grava,
cuando su alma el viento se lleve,
hallarán las cenizas de sus llamas
y desconsuelo para los que la quieren.
Maldición eterna que no cesa
sin un refugio en la tormenta.
Una vida plena te da fuerza
para resistir sin que perezcas.