Estos versos son una crítica a la sociedad que obliga a que los padres trabajadores deban desprenderse de sus hijos con tan sólo cuatro meses de vida, y dejarlos en guarderías. Sé que hay mucha profesionalidad, no dudo que no reciban sus cuidados. Pero no tienen el 100 % de atención, que es lo que en realidad necesitan. Los brazos de un padre y una madre son el mejor lugar para una criatura tan pequeña.
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La niña estrella miró la Tierra
y encontró una mirada afable
que soñaba con ser madre...
Cayó en su cálido regazo
y brilló entre sus brazos.
Quería que ella fuese su cuna,
descubrir el mundo juntas,
pero donde todo es complicado,
el amor sólo se da a ratos.
Tiene una habitación para ella
con bellas luces y música tierna.
Sin embargo, suspira,
por los arrullos de quién la mima.
La niña estrella es un milagro,
única, de valor desmesurado...
Un alma viva que late
en un cuerpo humano
y nadie aprecia su significado.
¿Por qué llora la niña estrella?
Si ha comido y está limpia,
no lo hace con malicia,
necesita que la quieran.
Superviviente de las cavernas
su llanto es un reclamo
de protección contra las fieras.
Pero en la civilización avanzada,
su preciado instinto no vale nada.
La niña estrella tiene cuatro meses,
su madre la lleva a la guardería.
A las dos se les rompe la vida,
por ser separadas, día tras día.
Los adultos se engañan...
Ya hay alguien que se encarga
de los retoños de sus entrañas:
una profesora desbordada,
por sus llantos, pipís y cacas.
La niña estrella no quiere volver
y no puede hacerse entender...
Allí no hay brazos ni besos,
nada que le de consuelo.
Pasados quince inviernos,
esa niña estrella será una mujer,
una perfecta muñeca de hielo
indiferente al mundo ciego
que la vio nacer.