En medio del mar,
perdida entre las olas,
hay una perla hermosa,
brillante, pura, valiosa.
Pero es tan pequeña,
tímida y escurridiza,
que nadie se fija en ella.
Pasa desapercibida.
Los barcos pesqueros,
buscan bancos de peces,
los buques mercantes,
viajan sin detenerse…
Es un viejo pirata,
un patán sabio,
quien sumerge su mano,
y quien la rescata.
Pero al llegar a una aldea,
la vende en una tienda.
¡Cambiada por monedas!
La perla llora de pena.
Va de mano en mano,
hasta llegar a un artesano.
El cual ve su propio llanto,
reflejado en su brillo azulado.
Crea una corona de oro,
y coloca la perla,
al frente, en un trono,
hecho para ella.
Su brillo cambia, ya no es azul,
el arco iris se refleja con la luz.
Color nácar que le ha recordado,
la dificultad de hallar y ser hallado.