Invisible eres, ante quien no te quiere mirar,
obstáculo involuntario, para quien anda sin parar.
No necesitas mejunjes ni trajes, solo ser otro más,
de esa gente que no hace ningún ruido al caminar.
Invisible te vuelves, si no comienzas a gritar
en medio de la calle, como otro loco más.
A tu alma transparente, le da bastante igual.
En su mundo aúlla siempre como un fiero chacal.
Invisible irremediable, por evitar discutir
con esos mil extraños, que no quieren oír,
la opinión de los otros, y solo quieren rugir.
Tu alma transparente ni siquiera está ahí.
Visible eres, para quienes les importas
aunque no te lo digan, igual lo notas.
Eres esa orquídea que con su luz rebrota,
que desprende la fragancia que les reconforta.
Visible te vuelves ante tus enemigos,
solo por respirar, ya les has ofendido.
Con un fino palillo, afilan sus colmillos...
Con sus mordiscos, tu piel se ha curtido.
Visible irremediable para las divinidades,
que juegan en su tablero a hacer jaque mate.
Te quieren de sirviente en cien eternidades,
aunque reniegues cien veces de servirle a nadie.