jueves, 16 de junio de 2016

A mi enemiga

Convocaste mi nombre
y yo aparecí, compañera.
Trabajamos como abejas,
lidiamos con tormentas.

Te habría sido leal hasta el final...
Pero un día tu máscara cayó
y yo perdí la venda de mis ojos.
Se precipitó tu traición.

Me consideraste tu enemiga,
me clavaste puñales en la espalda.
Deseé vengarme, pero sabía,
que provocar dolor no curaba.

Lloré como lloran los niños.
Por ser juzgada injustamente,
por errores que no eran míos,
por lo que la gente decía tras las puertas.
Y me escapé navegando sobre las letras
de cien libros de cien bibliotecas.

Los muros se derrumbaron,
los prejuicios se desvanecieron
por efecto del paso del tiempo,
de los astros alineados en el universo.

Retrocedes sobre tus pasos,
y nos encontramos frente a frente
como si no hubiesen pasado los años.
Y yo me pregunto mientras te miro
en qué nos hemos convertido

Las cicatrices curtieron mi piel,
me hice inmune a tu veneno.
Ahora jugamos al ajedrez
en un viejo tablero.
Yo muevo las blancas...
Tus piezas van de negro.