Bailan suavemente las cortinas,
de una casa que está en ruinas,
al son de truenos y pasos ligeros,
tan etéreos, que forman parte del viento.
Se agitan en su melancolía,
recordando tiempos mejores,
mientras cae la lluvia fina,
que moja de lágrimas su tela raída.
Bailan lentamente las cortinas,
de un hogar abandonado.
La suerte dejó de habitarlo,
y sólo quedó la desdicha.
Se agitan en su tragedia,
mientras unas manos se aferran,
fuertemente a ellas,
aunque nadie pueda verlas.
Un alma en pena que no olvida,
que fue la reina de su castillo.
Sin presente, sin
destino,
no ve ruinas, ni telas raídas…
Tan sólo ve… lo que pudo haber sido.