Allí donde no había nada,
donde se quemaron libros
y la fe quedó en el olvido
nació una flor blanca.
Delicada rosa pálida
en medio de mil lápidas,
los cuervos la envidiaban,
deseaban arrancarla.
Cayó un fuerte aguacero
al despuntar el alba
que espantó a los cuervos
y allí se quedó plantada.
Del llanto de un día negro
nació una rosa blanca
que perduró en el tiempo
como perdura la esperanza.
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