Había una vez unos ojos cargados de conocimiento,
porque habían visto mil libros y sucesos…
Tan místicos y misteriosos, como sinceros,
pero con un sólo prisma para enfocar el universo.
Universo de miradas como estrellas, libres,
con su propia órbita que las hace dar vueltas.
La experiencia las hace sabias, a su manera…
y viven alumbrando a quienes les rodean.
Había una vez unos párpados cerrados,
que soñaban dormidos en su mundo perfecto,
y la cálida luz del día que ansiaba despertarlos,
sólo conseguía incomodarlos.
No ver un ceño fruncido,
una lágrima de llanto o de risa,
un corazón ofendido,
o una expresión insegura,
es perderse cada brillo,
de cada destello, de cada latido,
del alma de cada individuo.
Universo de miradas como estrellas, libres,
donde también hay cometas de vuelo fugaz,
y perderlos de vista, es perderlos sin más,
como un tren que viaja sin volver atrás.
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